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COMIDAS ROMANAS

Tres eran las comidas que hacían habitualmente: el ientaculum, era el desayuno que consistía básicamente en pan untado en ajo, sal o algún otro condimento; en algunas casas se consumían también huevos, queso, leche, miel, frutos secos, uvas u otra clase de frutas. El almuerzo, en el que se tomaban las sobras de la cena anterior, frías o recalentadas. Y, por último, la comida principal: la cena. Comenzaba sobre las cuatro o las cinco de la tarde, y en las familias nobles se prolongaba durante horas. En los primeros tiempos de la República, la cena era bastante simple: se tomaba el pulmentum, papilla de harina de trigo, y los demás alimentos que hemos mencionado. Solamente en los días festivos se comía carne de los animales sacrificados a los dioses.

El postre consistía en frutos secos y repostería en general. Tras el postre, comenzaba la sobremesa durante la cual se bebía en abundancia, pues aunque la comida también se acompañaba con vino, se creía que éste embotaba el gusto, por lo que se tomaba con moderación.

Los romanos conocían la levadura ("fermentum"), y en el primer siglo después de Cristo su pan era fermentado; sin embargo, también existía un pan no fermentado, "panis azymus", y un pan ligeramente fermentado, "panis acrozymus".

El vino era conocido en toda la cuenca mediterránea. Se prohibía a las mujeres beber vino, sólo podían tomar un vino de pasas. El vino se servía mezclado con agua fría o caliente. También, con miel o mulsum. Eran excelentes aperitivos el vino de ajenjo, de rosas y de violetas.

La cerveza, que se tomaba generalmente caliente, era la bebida de los pobres.

La miel reemplazaba al azúcar, por aquel entonces desconocida.  La preferida fue la miel virgen de tomillo sin ahumar. La alimentación romana exigía un gran consumo de sal. Era gris, no refinada, muy importante en las conservas de carne, aceitunas  (de las que se hacía un gran consumo) y para impedir que el aceite se espesara.

Un rasgo característico de la cocina romana es el gran uso de las salsas y la condimentación con especias, determinado por la práctica constante de hervir cualquier alimento antes de asarlo, freírlo o cocerlo.

Crema o jugo de cebada

Se tritura al lavarla la cebada pelada que se ha puesto en remojo la noche antes y se pone a fuego vivo. Cuando haya hervido, se añade una buena cantidad de aceite, un pequeño manojo de eneldo, una cebolla seca, se pone a cocer todo para obtener una crema. Se pone culantro verde y sal fina y al mismo tiempo se pone a hervir. Se le quitan los grumos, se pasa por el colador y se vierte la crema en la cacerola. Se muele pimienta, un poco de poleo seco, comino y se rocía con miel. Se pone a hervir todo junto a fuego lento.

Dulces caseros

Se deshuesan dátiles de cualquier clase y se rellenan con nuez o piñones o pimienta molida. Se salan por fuera, se fríen en miel cocida y se sirven.

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